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TELEASISTENCIA Y TIEMPOS DE CUARENTEA

Con el COVID 19 y el confinamiento se ha generalizado la teleasistencia, bien por teléfono, o por videollamadas. Después de un primer momento de sorpresa, por la propia situación de pandemia, de confinamiento y parada abrupta de los tratamientos, algunos profesionales que no estábamos habituados en nuestra clínica a estos nuevos formatos optamos por proponerlos a nuestros pacientes. No niego que en un primer momento nos pudo generar una cierta extrañeza, incluso rechazo, pero justamente nosotros trabajamos escuchando las palabras de quien consulta, también cómo las dice, las emociones, y cualquier aspecto que nos lleve a un saber sobre lo que le hace sufrir, y es obvio que esto se podía mantener sin la atención presencial.

Lo esencial en nuestro trabajo es el vínculo paciente-terapeuta, que una vez instalado es el motor de la cura. Creo que, si existe este vínculo, es fácil implementar el dispositivo terapéutico en cualquier otro formato, y así lo he ido constatando en este tiempo. Curiosamente han sido los adolescentes que con la frescura y naturalidad con que han seguido un trabajo terapéutico, me han facilitado la adaptación a estos otros modos.

En esta situación tan particular que estamos viviendo, puede ser que el esfuerzo adicional del
analista en la teleasistencia esté en sostener la neutralidad, porque la pandemia nos concierne a todos y a veces nos lleva a intercambiar temores, incertidumbres, y nos puede dar la sensación de que estamos en una charla telefónica. Es la formación del analista que permite separar lo personal y escuchar lo que realmente interesa, que son las palabras del paciente. 

También es curioso el cambio de escenario. Salimos de nuestras consultas, que nos dan una cierta seguridad en nuestro rol, por medio de rutinas establecidas que facilitan la dinámica terapéutica. Nos podemos encontrar además de algún problema tecnológico (funcionamiento del Wifi, una buena línea de teléfono), con la aparición de objetos, mascotas de los pacientes, etc. Todo esto se puede convertir en dificultades insalvables, o bien, en nuevos elementos que se despliegan en la cura como material de trabajo.

La cuestión es, en la nueva normalidad después del COVID, en que se está diciendo que en lo laboral van a haber cambios hacia la implantación de más teletrabajo, ¿hablaremos también de más teleasistencia? Diría que no es por casualidad que haya sido una adolescente que ante mi WhatsApp anunciándole que había de parar la atención presencial por el estado de alarma, me propusiera si podíamos seguir por Skype. No se pueden ni negar, ni rechazar estas nuevas formas, o solo considerarlas en casos de estados excepcionales, por el contrario, creo que el camino está en reflexionar e investigar sobre cuándo y cómo hemos de trabajar en modalidad on-line.

Carmen Montolio

Psicóloga-Psicoanalista