El encuentro con el cuerpo sexuado, la búsqueda de identificaciones válidas, y la difícil tarea de integrar la imagen corporal con una mente en la que coexisten emociones contradictorias, lleva a situarles entre dos: ni es todo adulto, ni es todo niño.
La pérdida de la infancia y las nuevas responsabilidades del entorno familiar y escolar llevan a experimentar una tensión y confusión que requieren un tiempo de elaboración de duelos.
Las confrontaciones con el padre y la madre son necesarias, y en muchas ocasiones desestabilizan a las familias.
Las turbulencias de estos momentos hacen necesaria la búsqueda de herramientas para poder ayudar a las y los jóvenes a encontrar palabras para expresar su angustia, sus preocupaciones, la incertidumbre por el futuro, y mejorar la comunicación que les permite hacerse comprender y sentirse acompañados.