
Desde hace más de diez años se habla de “deporte inclusivo” como un espacio más de integración en la esfera de la funcionalidad y el bienestar de las personas con discapacidad tanto física, como intelectual, sensorial y psicosocial, siendo el deporte para cualquiera de ellas una actividad que favorece el tratamiento y la prevención de los desequilibrios emocionales.
El rugby por sí mismo es inclusivo ya que permite comprender que todos los jugadores de acuerdo a sus habilidades son útiles en determinado momento del juego, fomentando valores como la tolerancia, la humildad, y la motivación. Estos ideales permiten transformar las debilidades en fortalezas; que gracias al esfuerzo y la persistencia, siempre sostenido de los compañeros, hace que las personas con discapacidad sientan un lugar de pertenencia en el que la integración es real y efectiva.

Con una política de fomentar las capacidades individuales y diferentes, el rugby inclusivo nos permite desarrollar las habilidades sociales, convirtiéndose en una práctica rehabilitadora para personas con dificultades de comunicación y sociabilización. A su vez permite superar los patrones deportivos motrices y psíquicos, poniendo la máxima atención en cada sujeto como protagonista, admitiéndolo sin ningún tipo de discriminación o marginación dentro del equipo. Supone evidentemente un adaptación con el fin de fomentar la participación activa y efectiva de todos los jugadores. Por lo tanto sus beneficios a nivel de sensibilización, conocimiento y respeto a la diferencia, se observan desde las primeras experiencias.
En el desarrollo emocional de los niños con dificultades de comunicación y sociabilización, abre un camino favorecedor en la adquisición de las habilidades sociales, la aceptación de normas, la tolerancia a la frustración, la empatía, la motivación, la cooperación, y el trabajo en equipo. A su vez contribuye a impulsar la autonomía personal, la independencia, la sensación de libertad y superación, la responsabilidad y la autodisciplina, así como la perseverancia para el logro de objetivos y el sentimiento de ser útil para los demás, el reconocimiento de las habilidades y capacidades propias y de los compañeros.
A su vez en el rugby, la constancia y el trabajo en equipo, como bases fundamentales de la práctica deportiva, dan la posibilidad a los niños de encontrar un modelo que puede ser determinante, una nueva manera de aprender a sortear los obstáculos y de enfrentarse a las adversidades, otorgándoles herramientas para resolver conflictos y dificultades de la vida cotidiana.
Todas las discapacidades en su conjunto presentan singularidades propias y ello dificulta en muchas ocasiones el tratamiento unitario de las mismas.

Las actividades deportivas adaptadas, se convierten en un buen espacio de lucha contra la discriminación. Este es un ámbito que queda generalmente reducido a los familiares que por necesidad y amor enarbolan banderas en defensa de los derechos de aquellos que parecen no tener voz en la sociedad. El deporte inclusivo, más allá de su esencia es un buen lugar para librar batallas por la integración.
Brindar la posibilidad a los niños de relacionarse con sus pares de una manera lúdica y natural, permitiendo superar barreras sociales, contribuye a la estabilidad emocional, el desarrollo cognitivo. Así mismo permite que la sociedad en su conjunto cambie la mirada dirigida a aquellas personas con capacidades y habilidades diferentes.
El rugby se centra en las fortalezas de cada jugador; y el rugby de habilidades mixtas, rugby para todos y todas; permite adquirir mecanismos psicológicos brindando herramientas para la superación, otorgando un sitio de pertenencia a un grupo. Es un estilo de FAMILIA RUGBY, que permite obtener en muchos momentos estabilidad emocional, bajando los niveles de ansiedad ya que el jugador puede vivenciar el equipo como un todo que lucha, no sintiéndose solo, y encontrando un sitio conocido en el que gana y pierde con su grupo, hecho que permite aprender a tolerar la frustración.
Por otro lado las familias de los niños, son partícipes activos en el deporte, y es importante que tengan claro que se realiza una adaptación del juego, y de cada jugador, los entrenadores y profesionales que acompañan en la actividad prestan atención a la diversidad, permitiendo con el rugby dar un lugar especial a cada niño.
El fin del deporte adaptado es insertar e integrar a la persona con discapacidad a la sociedad y la sociedad a ellos, este último punto es tal vez el más complejo. Debemos enseñar a integrar, enseñar a ver donde no se ve, enseñar a recibir capacidades diferentes y desconocidas, enseñar a tolerar, enseñar a esperar, respetar los tiempos de los que no pueden correr tan deprisa ni físicamente ni intelectualmente. Todos tienen un lugar en el equipo, en el mundo y en los corazones abiertos de aquellos con capacidad para incorporarlos de forma asertiva en la mayor cantidad de espacios posibles, y reales donde la inclusión sea verdadera.