
La desobediencia, las rabietas, el oposicionismo, son algunos de los trastornos de conducta infantil que más preocupan a padres y maestros. Son problemas que en muchas ocasiones perturban la dinámica familiar y la armonía dentro del aula ya que desestabilizan al entorno social en general y a los adultos en particular. Los padres ven afectada su autoridad, control, y ponen en tela de juicio su capacidad de educar, y con el desafío agotan sus herramientas para reconducir determinadas actitudes de los niños. Lamentablemente son motivo de consulta y alarma de padres y educadores que sienten que se escapan de las manos todas las “recetas” aplicadas hasta el momento y que por el incremento que se observa en la sociedad actual lleva a los profesionales a realizar intervenciones que requieren cada vez más precisión y directrices, para padres y maestros, y que a su vez necesitan de actuaciones a edades cada vez más tempranas.
Describe a niños tiranos en su relación con los padres, y reflejan dicha conducta en la escuela, están a la orden del día. Hablamos de niños exigentes e intolerantes, que manifiestan conductas agresivas, y no admiten un “No” por respuesta, por lo cual la norma y los límites son difíciles de aplicar. Algunos deben la actitud a su dificultad para identificar emociones propias y de los demás, hay falta de empatía. Otros pueden responder a factores genéticos, y los hay que responden a un determinado modelo educativo recibido.
Podríamos decir que en casi todos los casos todos estos factores en interacción y sumados a avatares de la vida generaron el problema y determinaron las reacciones del niño. A veces nos encontramos con un niño pequeño, que hace lo que quiere porque tiene adultos a su alrededor que van detrás cumpliendo obligaciones que él debería cumplir diciendo: ”pobrecito, es pequeño, déjalo… ”. Es el niño que no colabora, es incapaz de ponerse en el lugar de otro, va creciendo en la creencia que la vida es así, que él es el centro del universo y manda por doquier, es exigente, es el amo de la inmediatez… Así crece y elabora un desarrollo personal que le acompañará hasta la vida adulta. Muchas veces en la consulta digo a los padres:
“cierra los ojos e imagina este pequeño tirano con 17 años…será lo mismo pero con un metro setenta, y barba!!!!”.

Los padres sienten el impacto de las palabras y se imaginan un futuro que no desean, para la convivencia con su hijo en el futuro. Sabemos que hay conductas disruptivas que se deben a alteraciones genéticas, a síndromes específicos que requieren un capítulo aparte.
Pero excluyendo esos casos, podemos decir que una educación adecuada, puede influir en gran medida en la expresión final de esta conducta. Muchas conductas que nos parecen inadecuadas pueden estar en el marco de la normalidad en una determinada etapa del desarrollo, pero cuando por su frecuencia o magnitud, y perseverancia en el tiempo exceden patrones esperables, debemos saber que necesitan de la intervención profesional para ayudar a encaminar la corrección a tiempo. Para ello debemos tener padres receptivos, dispuestos a colaborar, cambiar actitudes, asumir responsabilidades y maestros que apoyen a los profesionales en una intervención interdisciplinar, es decir en equipo. Cuando los maestros desvalorizan las actuaciones profesionales sin entender ni saber el por qué de determinadas actuaciones del grupo “psi”, el que pierde en todos los casos es el niño que ve truncado un vínculo con el terapeuta, y un espacio que ha podido crear para ser escuchado y canalizar emociones.
Podemos definir la desobediencia como la negativa a emprender una orden exigida por otra persona en un determinado tiempo, sea en relación a hacer o no hacer algo. Sin embargo, esta definición no incluye los hábitos y las obligaciones domésticas o escolares, que tácitamente se deben cumplir, en el marco familiar o escolar: ducharse, recoger la ropa, los juguetes, poner la mesa etc.
Entre los 5 a 6 años, los actos de desobediencia suelen ser normales, siempre y cuando, al final del proceso quede claro quién es la autoridad y con coherencia los adultos lleguen a sus objetivos educativos. Las conductas de desobediencia en estas edades no sobrepasan el no, o la espera y algún enfado, o intento de negociación. Estos actos a veces son acompañados de elementos disruptivos como las rabietas o el negativismo. En importante observar la situación, edad, motivos que las provocan, relación y vínculos Las rabietas.
Podríamos decir que son reacciones con las que algunos niños manifiestan su enfado ante una situación o en la interacción con algún adulto, como padres, tíos, abuelos…Sabemos que son esperables entre los dos y tres años de edad, y que irán remitiendo con el desarrollo, hasta extinguirse hacia los 5 o 6 años. Pero muchas veces aparecen las rabietas cuando el niño sabe que será una manera de conseguir de manera rápida y eficaz un propósito, más allá del deseo del adulto. En muchos casos los padres acaban sucumbiendo a ésta demanda, satisfacen al niño, que se calma, evitando así la tan temida e incómoda pataleta que hace sentir incómodos los padres. Esta solución solo consigue crear un círculo que hará repetir la escena en un corto espacio de tiempo. Hay que hacer diferencia ante las pataletas. Algunas veces hablamos de situaciones asiladas como hechos reivindicatorios, otras son el patrón de comportamiento de un niño, que muchas veces es acompañado de actitudes violentas.
Hacemos referencia aquí a los niños que manifiestan oposición activa pero no agresiva. Esta es una forma de llamar la atención. Son niños que aprendieron que negándose a obedecer evitan tareas que no les agradan, y siendo perseverantes en etas actitudes negativitas triunfan sobre el adulto. En la medida que lo consiguen, su actitud de oposición se refuerza y el problema se intensifica.
Consejos para actuar ante la rabieta aislada:
Ignorar la rabieta inmediatamente.En cualquier caso, os propongo algunas “recetas” que debemos tener en cuenta:
Silvina Mosquera Genlot. Logopeda – Psicoanalista. Psicoterapeuta de la FEAP