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Los nervios de mi hijo

 

Tengo un niño de seis años, siempre que va a presentar una evaluación o se siente presionado a responder se pone a llorar y le sudan las manos. Es un episodio que solo presenta en el colegio e incluso me dice que cuando la profesora se acerca se bloquea y no le puede responder. Además llora mucho cuando lo dejo en el colegio al empezar un ciclo escolar. No sé qué hacer, ¿podrían aconsejarme si necesita terapia psicológica?

Responde: Silvina Mosquera.

Por lo que explicas parece que tu hijo tiene miedo a equivocarse, o a no saber cómo actuar o responder, hecho que le genera gran ansiedad. Tal vez le cueste separarse de ti y adaptarse a los cambios después de las vacaciones, y por ello se queda llorando en el colegio. El hecho de perder tiempo de estar con mamá no es de su agrado en este momento. A los seis años se cierra  laetapa edípica de desarrollo y se produce la  entrada en la latencia. La salida del conflicto edípicoy la represión de las pulsiones internas activas en esta  elaboración permite utilizar la energía al servicio de la socialización, las relaciones con los pares, el aprendizaje y la apertura hacia el mundo externo, diferente de la familia. Es en este momento en que en algunos grupos sociales y culturales, se considera que los niños están preparados para separarse de las madres y entrar en una institución educativa. Antiguamente la escolaridad era obligatoria a esta edad. Actualmente la sociedad ha evolucionado de tal manera que nos vemos obligados a escolarizar a los niños cada vez a edades más tempranas, las madres tienen que trabajar, los padres también y no siempre hay un familiar que tenga disponibilidad para el cuidado del niño. En cualquier caso y a pesar de tener la edad adecuada de escolarización, a tu hijo le está costando este proceso, no todos los niños maduran a la misma edad y no todas las circunstancias son las mismas y las más favorables para cada caso. Seis años es un momento de aprendizaje de lectura y escritura, una tarea ardua y difícil que requiere un esfuerzo por parte de los pequeños pero que además necesita de un entorno familiar estable y tranquilo y de una disponibilidad especial del equipo docente. Si todas la circunstancias acompañan, no debería haber dificultades para que tu hijo disfrute de los aprendizajes y que le agrade estar en la escuela.

Es importante tener en cuenta que el juego ayuda a elaborar procesos internos que hacen referencia al pasaje de la relación aprendida dentro del seno familiar a experiencias nuevas con otros grupos, como acontece en el colegio.  Sería bueno que observes  si tu hijo se integra bien en los grupos de juego y como lleva la tolerancia a la frustración y al perder. Dentro del hogar, el padre o quien ejerza dicha función, figura muy importante en este momento, debe dedicar algunas horas del día a jugar con el niño al parchís, la oca, el memory, etc., donde ganar sea un reto para el pequeño y el perder se convierta en un aprendizaje importante, que generalizará para otras situaciones de la vida. Es importante no ceder ante las rabietas, introducirlo en la cultura del esfuerzo y la perseverancia, no darle todo hecho, marcarle algunos objetivos y transformar la frustración en un aprendizaje que le permitirá tener las herramientas para resolver los conflictos que se presenten a lo largo de su vida. Te recomendamos que ante las dificultades de tu hijo y tu preocupación, hagas una consulta con un profesional especializado que te pueda acompañar en el proceso, te dé las pautas más acertadas y específicas para tu familia y que valore cuáles son las causas y busque soluciones acertadas.