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El contacto Materno

Las primeras experiencias de la vida dejan una huella biológica, psíquica y mnémica, que marcará las reacciones que el individuo tenga frente a diferentes situaciones de la vida. De todas estas primeras vivencias dependerá la capacidad de gestionar las emociones y por lo tanto el estrés en la vida adulta.
Traer un hijo al mundo es un tema que en el momento actual en que vivimos, ha quedado en muchos sectores de la población en el orden del objeto que toca adquirir para continuar la serie.
Una de las obras más extraordinarias de la naturaleza y que produce emociones de las más profundas, ha quedado en el lugar de nuevas adquisiciones que además debe consumir la menor energía posible, ocupar el menor tiempo y permitir a los padres seguir el ritmo de vida que llevaban antes de la llegada del bebé.
Si nos preguntamos por qué, la respuesta no es difícil de encontrar observando el lugar que las mujeres ocupan en la sociedad actual. Madres, trabajadoras, super mujeres que al igual que los hombres desarrollan actividades que hace unos años solo eran tareas de hombres, se entendía que las mujeres eran las que mejor se podían ocupar de los hijos.
Esta nueva situación social coloca las en una posición difícil en la que tienen que responder a unas demandas que en casi todos los casos las supera.
Los bebés llegan a este mundo con una esperanza escondida de que algún adulto responsable gestiones sus emociones como dice Sue Gerhardt, por eso es importante el acogimiento que reciben ya que marcará un sendero para el resto de sus vidas. Gestionar emociones tiene relación directa con el estrés, ansiedad, angustia, en los adultos repercuten de una manera, porque ya tienen su sistema nervioso formado y unas herramientas determinadas para enfrentarse al impacto del ambiente, a los avatares de la vida, en cambio los bebés son absolutamente dependientes, no solo de la leche materna sino del cuerpo, del olor, de la voz, y el calor de la madre. El contacto con la madre regula la actividad tanto muscular como hormonal además de la frecuencia cardíaca y la tensión arterial, de ahí la importancia de la presencia materna en los primeros meses de vida.. Este contacto, las caricias el acunamiento, las palabras que calman, ayudan a bajar el nivel de estrés que el ambiente genera en un ser acostumbrado a mecerse en el vientre materno sin tener que pedir alimentos ni padecer frío ni calor, el útero materno lo da todo, los bebés por tanto al nacer no están preparados para sobrevivir con sus propios medios. Por esto en la etapa del postparto es muy importante tranquilizar a las madre, contenerlas y comprenderlas para bajar el estrés tanto en ellas como de sus hijos, ya que madres ansiosas difícilmente pueden gestionar el estrés en sus bebés. La calidad de la presencia materna da la posibilidad de que los niveles de cortisol en sangre no aumenten, de que el bebé no se sienta en peligro, de modo tal que se garantice el buen funcionamiento del sistema inmunitario. De los primeros encuentros con un hijo dependerá su salud mental y l física, sus emociones, sus capacidades de enfrentar la vida, y el buen funcionamiento del organismo.

Psicoanalista

Psicoterapeuta FEAP (Federación Española de Psicoterapeutas)

Fonoaudióloga – Logopeda Colegiada nº 080979.