Arte, escuela e inteligencia emocional

 


La educación artística en la escuela, es una manera de permitir la expresión del yo interior de
niños y jóvenes, es una forma de intervención dentro del campo del crecimiento personal  que permite un proceso de adentrarse en uno mismo y dejarse  fluir, acercarse y sentir diferentes técnicas y materiales artísticos, manipularlos, entenderse con ellos, confiar en la creación espontánea y observar en la obra un reflejo interno aceptando su significado al tiempo que se aprende a respetar el trabajo propio y de los demás. El Arte permite establecer la posibilidad de comunicarte con tu yo íntimo, profundo y auténtico. Es una extraordinaria manera de permitirle a un infans expresar su creatividad, sus emociones y sus capacidades.

Para darle al arte el lugar que merece en el ámbito educativo y vincularlo al desarrollo de las habilidades sociales y la educación emocional,  deberíamos plantearlo desde un punto de vista menos estructurado dentro del marco institucional, trabajando desde el equipo docente para brindar la posibilidad de enseñar a pensar, a resolver problemas, tomar decisiones y manifestar opiniones y deseos, canalizar talentos y abrir una vía de comunicación. Con el trabajo artísticose potencia la inteligencia, se llega a comprender la ética y la estética, se anima a la paciencia y la reflexión, a tomarse un tiempo antes de actuar y prepararse para la vida en sociedad orientando a niños y jóvenes al buen uso de la crítica dándoles la posibilidad de ser libres pensadores al tiempo que desarrollan una personalidad firme.

La Inteligencia Emocional aparece por primera vez en 1990, con Peter Salovey y John Mayer, quienes la definen como la habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones, y las de los demás, favoreciendo un crecimiento emocional e intelectual, idea que Daniel Goleman, popularizó en 1995. Se trata de  transmitir y manejar una gama de emociones con cierto grado de auto control, hecho que contrasta con la actuación impulsiva  en una sociedad como la de hoy poco sólida en valores y aparentemente indiferente al dolor con una caída importante de ideales que deja a los jóvenes carentes de referentes conocidos y tranquilizadores. De ahí que un planteo educativo que apunte a otras formas de conectar con las emociones y empatizar con los pares serviría de apoyo para calmar el malestar y hacer desvelar el deseo de aprender no solo los contenidos académicos que se imponen, sino abrir la puerta a la búsqueda de las fuentes, al encuentro con nuevos modelos que se alejen de los ofrecidos por el consumo banal y exagerado que los medios exponen, ofreciendo caminos que los jóvenes encuentran   rápidamente para calmar las angustias que son incapaces verbalizar ya que no hay tiempo ni personas que les den lugar para ser escuchados en su sufrimiento. 

El profesorado, como explica Rafael Bizquerra, debe estar bien formado en el campo de las habilidades sociales. Dentro del ámbito académico se pueden trabajar las habilidades a través de películas debidamente elegidas,  música, diálogos analógicos, poesía y literatura, fábulas, actuaciones teatrales, relatos de vida, construcción de diarios de clase… utilizando la didáctica del humor, del error sin censura, del juego, y  del arte como fruto de la expresión de un determinado sentimiento dejando escurrir materiales con el análisis posterior de las obras plástico-artísticas. El objetivo es aprovechar el medio para la estimulación afectiva, la expresión de sentimientos positivos y emociones negativas creando ambientes escolares en los que se puedan desarrollar la creatividad facilitando la desdramatización de lo cotidiano,  la toma de conciencia del aquí y ahora soltando el cuerpo que agarrotado por los conflictos, los miedos, la ansiedad y el estrés, deterioran la autoestima. El alumno puede a través de la música, la danza y la pintura ser  protagonista de un viaje por su vida dando la posibilidad al auto conocimiento, atravesando barreras, elaborando duelos, y superando conflictos. Se trata de potenciar la confianza en uno mismo en los avances que hacemos en la vida y en hacernos responsables de nuestros actos en un compromiso con uno mismo y con la sociedad.

Silvina Mosquera (para Apol Fundación Punset)