Silvina Mosquera - Carmen Montolio

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No siempre es depresión post parto

No siempre, es depresión post parto
Silvina Mosquera Genlot
Psicoanalista – Psicoterapeuta FEAP
Logopeda

La vuelta a casa después del parto, no deja de ser una aventura que sitúa a las madres
y padres en un mar de dudas y desconciertos. En principio está la novedad: son uno o
una más en la familia. Después está el desconocimiento, quien ha llegado es un ser al
que hay que conocer y con quien hay que establecer un vínculo.
La idealizaciones, todo lo soñado, aquello imaginado de lo que sería la llegada de un
hijo comienza a tambalear. No es tan sencillo como se pensaba, pero no por ello es
ingrato. La felicidad se mezcla con la incertidumbre del hacerlo bien como madres y
padres, con el temor a no poder dar lo que este hijo necesita. En estos primeros días
aparecen las contradicciones. No siempre los progenitores están de acuerdo en cómo
gestionar el día a día del bebé. Cada uno trae una historia personal, un estilo de crianza
que sus propios padres transmitieron, y muchos legados familiares con los que fueron
criados. A lo transgeneracional, a la historia, a aquello que cada uno trae y que está
dibujado en palabras, en gestos, en frases…, se enfrentan los padres de la
hipermodernidad, donde la tecnología parece tener soluciones a todo. Así, los
recuerdos de los cuidados infantiles recibidos que podrían transmitir al recién llegado
integrando las formas de otros tiempos con la actualidad, quedan desvalorizados.
Sin embargo considero que aún queda el sentido común y la capacidad de reflexionar y
decidir para equivocarse: si lactancia materna, si artificial, si colecho, si su cuna, si una
cuidadora, si las abuelas o abuelos, si lo que dice él, lo que dice ella……
Cada familia, cada madre y cada padre tienen derecho a escoger, a hacerlo mal, a
equivocarse. No existen padres ni madres perfectos, sino aquellos capaces de dar lo
suficiente, lo que pueden, lo que la vida les dio para jugárselo en la maternidad y la
paternidad.

La etapa que sigue al parto, es muy especial, no solo por el reencuentro con ese nuevo
ser que ya estaba anunciado dentro del vientre materno, sino porque son los brazos
jóvenes del amor de los padres y madres los que darán una bienvenida a este nuevo
ser. Estas primeras experiencias son importantes y dejarán una huella. Se irá forjando
un camino donde los gestos y las palabras irán moldeando, la voz irá calmando, la
mirada señalando y acompañando al niño o la niña por el camino de la vida.
Ya no tenemos como antaño las familias extensas dentro de las casas. Ya no están las
mujeres reunidas en torno al hogar para acompañar a la joven que acaba de parir. Hoy
las reuniones entorno al fuego del hogar, se han trasladados a espacios en los que las
madres y sus parejas encuentran interlocutores que están en la misma situación.
Muchas veces les une el desamparo y la soledad. Ese vacío que las abuelas y las tías
llenaban en otros tiempos lo suple el encuentro físico con el otro, un espacio donde
compartir experiencias, y transmitir soluciones.
En la era de lo virtual, la mirada del otro y la mano que es tendida en muestras de
cuidado y compañía pueden ser una solución a la soledad del postparto.

Hoy el sistema social en que estamos inmersos no nos permite ese tiempo que los
hijos necesitan y que muchas madres reclaman para instaurar la lactancia materna,
para aprender a comprender al bebé, y a entender el ritmo del dormir con un ser que
aún no distingue entre el día y la noche. La urgencia económica les obliga a montar
estrategias diversas para conciliar a la mujer y a la madre.
Es importante saber que se puede pedir ayuda, que en cada ciudad funciona un o más
grupos de apoyo a las madres y al estilo de lactancia que quieran escoger desde el
respeto al deseo materno y paterno.
Es importante escuchar el deseo de la madre que invadida por los dictámenes de la
sociedad y por el “debes hacer”, queda envuelta en una angustia que muchas veces se
confunde con la depresión. Cuando la mujer se encuentra en la situación de conciliar la
vida actual con las exigencias de la maternidad, duda. ¿Qué es ser buena madre hoy,
cuando es tan difícil conciliar el deseo propio con las exigencias hipermodernad?
Ser buena madre y buen padre es sencillamente tener bondad para dar a los hijos
aquello que se tiene para dar. Y, además: tiempo como inversión para el futuro. Sin
dejar de lado los proyectos personales, los de la pareja, los de ser hombre y ser mujer
además de padre y madre, hay que buscar espacios para disfrutar de los hijos. Tal vez,
sea este, el reto más complicado de esta etapa de la vida.