Silvina Mosquera - Carmen Montolio

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RUGBY DE HABILIDADES MIXTAS

“RUGBY DE HABILIDADES MIXTAS”: UN DEPORTE QUE PERMITE EL BUEN
DESARROLLO FÍSICO Y EMOCIONAL DE LOS NIÑOS.
Desde hace más de diez años se habla de “deporte inclusivo” como un espacio más de
integración en la esfera de la funcionalidad y el bienestar de las personas con
discapacidad tanto física, como intelectual, sensorial y psicosocial, siendo el deporte
para cualquiera de ellas una actividad que favorece el tratamiento y la prevención de
los desequilibrios emocionales.
El rugby por sí mismo es inclusivo ya que permite comprender que todos los jugadores
de acuerdo a sus habilidades son útiles en determinado momento del juego, fomentando
valores como la tolerancia, la humildad, y la motivación. Estos ideales permiten
transformar las debilidades en fortalezas; que gracias al esfuerzo y la persistencia,
siempre sostenido de los compañeros, hace que las personas con discapacidad sientan
un lugar de pertenencia en el que la integración es real y efectiva.
Con una política de fomentar las capacidades individuales y diferentes, el rugby
inclusivo nos permite desarrollar las habilidades sociales, convirtiéndose en una práctica
rehabilitadora para personas con dificultades de comunicación y sociabilización. A su
vez permite superar los patrones deportivos-motrices y psíquicos, poniendo la máxima
atención en cada sujeto como protagonista, admitiéndolo sin ningún tipo de
discriminación o marginación dentro del equipo. Supone evidentemente un adaptación
con el fin de fomentar la participación activa y efectiva de todos los jugadores. Por lo
tanto sus beneficios a nivel de sensibilización, conocimiento y respeto a la diferencia, se
observan desde las primeras experiencias.
En el desarrollo emocional de los niños con dificultades de comunicación y
sociabilización, abre un camino favorecedor en la adquisición de las habilidades
sociales, la aceptación de normas, la tolerancia a la frustración, la empatía, la
motivación, la cooperación, y el trabajo en equipo. A su vez contribuye a impulsar la
autonomía personal, la independencia, la sensación de libertad y superación, la
responsabilidad y la autodisciplina, así como la perseverancia para el logro de objetivos
y el sentimiento de ser útil para los demás, el reconocimiento de las habilidades y
capacidades propias y de los compañeros.
A su vez en el rugby, la constancia y el trabajo en equipo, como bases fundamentales
de la práctica deportiva, dan la posibilidad a los niños de encontrar un modelo que
puede ser determinante, una nueva manera de aprender a sortear los obstáculos y de
enfrentarse a las adversidades, otorgándoles herramientas para resolver conflictos y
dificultades de la vida cotidiana.
Todas las discapacidades en su conjunto presentan singularidades propias y ello
dificulta en muchas ocasiones el tratamiento unitario de las mismas.
Las actividades deportivas adaptadas, se convierten en un buen espacio de lucha contra
la discriminación. Este es un ámbito que queda generalmente reducido a los familiares
que por necesidad y amor enarbolan banderas en defensa de los derechos de aquellos
que parecen no tener voz en la sociedad. El deporte inclusivo, más allá de su esencia es
un buen lugar para librar batallas por la integración. 

Brindar la posibilidad a los niños de relacionarse con sus pares de una manera lúdica y
natural, permitiendo superar barreras sociales, contribuye a la estabilidad emocional, el
desarrollo cognitivo. Así mismo permite que la sociedad en su conjunto cambie la
mirada dirigida a aquellas personas con capacidades y habilidades diferentes.
El rugby se centra en las fortalezas de cada jugador; y el rugby de habilidades mixtas,
rugby para todos y todas; permite adquirir mecanismos psicológicos brindando
herramientas para la superación, otorgando un sitio de pertenencia a un grupo.
Es un estilo de FAMILIA RUGBY, que permite obtener en muchos momentos
estabilidad emocional, bajando los niveles de ansiedad ya que el jugador puede
vivenciar el equipo como un todo que lucha, no sintiéndose solo, y encontrando un sitio
conocido en el que gana y pierde con su grupo, hecho que permite aprender a tolerar la
frustración.
Por otro lado las familias de los niños, son partícipes activos en el deporte, y es
importante que tengan claro que se realiza una adaptación del juego, y de cada jugador,
los entrenadores y profesionales que acompañan en la actividad prestan atención a la
diversidad, permitiendo con el rugby dar un lugar especial a cada niño.
El fin del deporte adaptado es insertar e integrar a la persona con discapacidad a la
sociedad y la sociedad a ellos, este último punto es tal vez el más complejo. Debemos
enseñar a integrar, enseñar a ver donde no se ve, enseñar a recibir capacidades
diferentes y desconocidas, enseñar a tolerar, enseñar a esperar, respetar los tiempos de
los que no pueden correr tan deprisa ni físicamente ni intelectualmente. Todos tienen un
lugar en el equipo, en el mundo y en los corazones abiertos de aquellos con capacidad
para incorporarlos de forma asertiva en la mayor cantidad de espacios posibles, y reales
donde la inclusión sea verdadera.

Silvina Mosquera Genlot
Psicoanalista-Psicoterapeuta FEAP.
Logopeda coleg. 080979