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TDAH: Implicaciones del diagnóstico

pisoclogiainfantilEl TDAH está arrasando en la sociedad occidental, en nuestra sociedad. Muchos niños son diagnosticados de hiperactividad, impulsividad y/o falta de atención, todo reunido bajo las siglas TDAH. Además, ahora hay también un tipo nuevo, el SCT o tempo cognitivo lento, con lo que la “red de arrastre” que se utiliza para definir este diagnóstico se hace cada vez más difícil de sortear.

Pero ¿de qué hablamos al decir “TDAH”? Estas cuatro letras son las siglas de un trastorno que se definió por primera vez en 1980 de manos de la asociación americana de psiquiatras (APA) en su manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales, tercera edición (DSM-III), cuyo nombre completo es trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Las conductas que quedan reunidas bajo esta denominación pueden ser de tres tipos: las que tienen que ver con una actividad que se considera excesiva o inapropiada (hiperactividad), las que tienen que ver con la distracción, los descuidos, la falta de concentración, de planificación, de esfuerzo mental sostenido (déficit de atención) y las que tienen que ver con la poca capacidad de contención de la conducta, de espera (impulsividad). Todo ello, con aparición antes de los siete años.

Es fácil suponer que con un abanico tan amplio de comportamientos recogidos por la etiqueta TDAH el sobrediagnóstico sea un riesgo con mucha probabilidad de cumplirse. A esta amplitud de comportamientos se une la forma de llegar al diagnóstico. Basado en cuestionarios de conducta dirigidos a los adultos que conviven con el niño, implica un factor subjetivo que ayuda a que el número de casos diagnosticados o mal diagnosticados sea aún mayor, y más teniendo en cuenta que las conductas de impulsividad, distracción e hiperactividad deben estar presentes, según los criterios del DSM, antes de una edad en la que es habitual que los niños aún no hayan alcanzado el nivel de maduración y aprendizaje necesarios para un control de la conducta que esté a la altura de las expectativas de los adultos.

De todas formas, el principal problema que tiene este diagnóstico es su supuesto origen biológico y las implicaciones que de él se derivan. Por un lado, el tratamiento farmacológico y los perjuicios que éste causa en un sistema nervioso central que además está en desarrollo y, por otro, la idea de que es un trastorno que dura toda la vida, que no se puede curar y que se puede transmitir, con las limitaciones que este concepto de sí mismo produce en la persona y en sus expectativas. Y este es el principal problema porque, a pesar de estos graves inconvenientes, resulta que el origen biológico del TDAH no está probado, ni está probado que su determinación sea genética, ni hay una forma clara de diagnóstico. ¿Entonces?

Entonces, como sostienen muchos autores e investigadores, el TDAH debe considerarse un trastorno psicológico, un síntoma que debe atenderse y analizarse para averiguar qué problemas guarda detrás, para saber qué motivos causan las conductas problemáticas y ayudar a la persona a superarlos. Entonces… no tiene porqué ser un problema para toda la vida ni algo que lo define a uno, sino algo que se supera.

Cristina García
Psicóloga