Silvina Mosquera - Carmen Montolio

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Reflexiones sobre la paternidad y la maternidad actuales

familia

Ser padres y madres comporta un esfuerzo que incluiría dentro de las disciplinas del “arte” por las características de creatividad, reflexión, paciencia, espera, frustración etc. que rodean a un quehacer que, aunque muy explorado por muchos, se convierte en una serie totalmente desconocida y llena de interrogantes.

Es complicado encontrar las herramientas adecuadas para poder pensar y resolver las dificultades que los padres se encuentran a diario, en un momento en que la sociedad manifiesta una crisis de todo tipo. A veces la dinámica familiar se transforma en un círculo vicioso que intentamos resolver con programas de “nanis” que no se adaptan adecuadamente a la situación particular. Ayudar a los padres en momentos tan peculiares, es una tarea que lleva a los profesionales a una profunda reflexión.

La diferencia generacional no se acaba de definir, ya sea porque los progenitores se sienten lejos de comprender a sus hijos o porque no logran dar un modelo adecuado de identificación. Soltar a los hijos de la mano y permitirles crecer y volar libres, se hace difícil. Vivimos un mundo que muestra a diario un estado general de descontento, frustraciones personales, violencia y falta de comunicación acompañado de valores transgresores de todo tipo, falta de ética y moral. Evidentemente la soledad del ser humano se acentúa y las familias parecen navegar por aguas desconocidas en las que no hay timón que reconduzca un hilo que ordene, organice y tranquilice a padres y madres confundidos.

En el camino de mi experiencia profesional veo la angustia de padres y madres desorientados en busca de recetas esotéricas que solucionen de un plumazo los conflictos, ya sea de niños de primera infancia, de latencia, como de adolescentes que deambulan en un mar de estímulos, y sedientos de ver, saber y probar, se dejan seducir al mejor postor, y en el mejor de los casos consiguen sortear todo tipo de propuestas nocivas, de forma que algunos se acomodan en busca de actividades que responden a sus inquietudes artísticas, culturales o deportivas, pero otros no logran ver un hueco donde acomodarse y sucumben a la más fácil y cercana de las propuestas que en ningún caso benefician su desarrollo ni canaliza sus inquietudes juveniles de manera saludable.

No puedo decir que tiempos pasados fueron mejores, cada momento histórico tuvo sus dificultades y hoy nos encontramos con retos complicados, nos vemos envueltos en conflictos aparentemente sin salida. Pero en las dificultades que se producen dentro del seno familiar, en aquellas situaciones que responden a probables faltas de comunicación, de tiempos de escucha y de tiempo para pensar, es importante transmitir conocimientos a los padres otorgando herramientas para reconducir los malos hábitos de convivencia.

Cuando las alternativas escapan a la posibilidad de dar soluciones, un espacio terapéutico, tanto individual como familiar, puede dar un lugar a la expresión de deseos no escuchados, y descubrir capacidades guardadas desde la más tierna infancia, perdidas en algún momento del camino y que pueden ser la respuesta a un éxito personal que se traduzca en el plano de la vida personal y laboral del individuo, traduciéndose a su vez en un modelo satisfactorio que permita a los hijos dar cuenta de que los avatares de la vida se pueden superar con un buen equilibrio emocional que permita encontrar los momentos de felicidad que la vida pone delante y del que solo disfrutan quienes saben ver y buscar.

Silvina Mosquera Genlot,
Logopeda y Psicoanalista