Silvina Mosquera - Carmen Montolio

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¿Dónde estamos? ¿Se desvanecen los hombres?

Hace tiempo que quiero transmitir una humilde visión del hombre de éste siglo “cambalache” que sigue el curso de la historia; de una historia social que por momentos no sabemos bien hacia dónde va.

A través de los años y desde una observación cultural y sociológica podríamos decir, que las diferentes comunidades han ido proscribiendo de una manera u otra a la mujer, al erotismo, y a los temas relacionados a la sexualidad, especialmente femenina. Los datos históricos revelan las consecuencias que el lugar secundario de la mujer  ha ido marcando.

La forma de estructura familiar y el lugar de las féminas en el marco social y laboral,  con valoraciones discriminatorias y desajustadas en relación al hombre, llenan páginas de trabajos escritos del siglo pasado, hasta la actualidad. Aún hoy nuestros ojos quedan atónitos ante las vejaciones que las mujeres de algunos grupos sociales padecen a manos de los hombres de su propio entorno.

Evidentemente este relego de las mujeres trajo como consecuencia los movimiento feministas del siglo pasado que generaron grandes cambios y repercusiones importantes en el lugar social del hombre y de éste en sus roles, especialmente en la función paterna, sin olvidar la complejidad que para él representan los vínculos parentales y de pareja.

Hoy, después de los movimientos sociales relacionados con estos acontecimientos de revolución de la mujer, nos encontramos ante desequilibrios de género  no muy fáciles de asimilar por todos, aunque parezcan asumibles por la era de post modernidad que nos invade.

Nos tropezamos a diario con algunos hombres que se sitúan en puestos de trabajo a la par de las mujeres, otros  son destituidos  en lo laboral, y en sus roles  familiares. Encontramos los que realizan quehaceres domésticos, funciones femeninas, y padres multifunción: solos  con hijos de los que se tienen que hacer cargo por temas de  custodias compartidas, etc. Así mismo, tal y como los medios publicitarios nos lo venden, se nos imponen los “metrosexuales”!! Ellos se depilan, tienen centros de belleza, cosmética específica, su vestimenta dista de los trajes negros de antaño, para acercarse a un unisex, que a veces no se acaba de entender: “¿es de hombre o de mujer”? Cabellos largos, cortes especiales… etc.

Pero dentro de todos estos cambios que ya nos sorprenden cada vez menos se encuentra el rol del hombre, y de su importancia y valor, no solo en lo laboral sino en la pareja y en la familia.

El “pater” de occidente está confundido, duda, no sabe, se asusta y reacciona sin entender bien qué le sucede. Tiende a la fuga, y se lleva consigo por momentos  la nostalgia  del mensaje de los ancestros “todo tiempo pasado fue mejor”, con la tentación de volver a aquel viejo  machismo que le daba seguridad y aparente respeto. Aquel  padre de familia bien definido que no creaba confusión ni misterio en su función paterna y su lugar masculino frente a la mujer, se desvanece.

Su función de procreador también estaba bien determinada. Hoy los hombres se encuentran en la encrucijada de poder ser eliminados como partenaires ya que la cuestión de la fertilidad,   resumida a un tubo de ensayo con función donante, está a la orden del día y a buen precio. Por tanto la paternidad es ausente en su función, quedando reducida a rasgos genéticos que pueden ser elegidos o rechazados por aquellas mujeres que deciden el futuro de un hijo en familias mono parentales desdeñando al hombre en su rol de padres sin necesidad aparente de poseer ese referente masculino al que un hijo se pueda identificar; esa cuestión de la virilidad propia de los padres de otra època, aquellos  transmiten al hijo la virilidad, que condiciona su capacidad de hacer y ser para sí mismo, para un hijo y para una mujer.

Por tanto…¿ que nos queda?, ¿ qué queda a estos hombres relegados a objetos de las mujeres, desautorizados en sus funciones, impulsados por ellas a un situación en la que la fantasía de las súper  mujeres pone en peligro la virilidad?¿ Cómo plantarse ante las féminas que aborrecen envejecer dando su cuerpo a las cirugías de turno, que prometen devolverles la juventud perdida porque son   inseguras o incapaces de retener a un hombre? De qué feminidad estamos hablando, no están las señoras jugando con fuego y caminando a un sin retorno que las quemará en la hoguera?

Hoy los problemas de pareja son tema de consulta de muchos hombres y mujeres. La cuestión de la soledad se hace más acuciante y la imposibilidad de tener una pareja estable y sentirnos amados y amar parece un tema de otra época.

La mujer  frente al hombre vinculándose  desde su feminidad y su deseo  de ser sostenida,  amada y acompañada, permite al hombre  desarrollar sus dotes de masculinidad, y le permite y autoriza en el ejercicio de su paternidad. Pero la función del padre está cuestionada por todas partes, en muchos casos, vemos que ese rol es realizado por la mujer, que parece devorarse a los hijos con una sobreprotección deshabilitante, que repercute directamente en las capacidades de niños que son finalmente diagnosticados, etiquetados y medicados para que mamá siga dejando de lado a papá, en la creencia mortífera de que ella lo hace mejor. Ellas parece dominar no solo la educación,  sino también la vida sexual de la pareja, que se va perdiendo en un “no sé desde cuando”…con la disfunción sexual y los niños metidos en el medio del lecho materno, ¿para asegurar adecuadamente la división y la falta de roce?

La homosexualidad ocupa también un lugar importante e interesante en el marco social ya que curiosamente son ellos quienes actualmente defienden el matrimonio.

La cuestión de la pareja y el romanticismo está en entredicho y banalizado, la declaración de amor suena a chapuza,  y la duración en el tiempo es de dudoso pronóstico con la certera autorización para cambios e intercambios de parejas que pretenden hacernos creer que la felicidad se asoma en ello.

Actualmente aun no he escuchado en mi consulta ni un atisbo de palabras de felicidad en aquellas personas que cambian de parejas, que  constantemente banalizan el amor y defienden la soledad y la seudo libertad  de parece que pueda tener el  no tener familia a la que “atarse”, ni tener prometido amor a una sola pareja.  El amor eterno tiene sabor a Hollywood con la creencia de que  no puede existir la familia bien estructurada,  y se vive  su rol social como un imposible.

La lucha por el consumo, el poder, el dinero y el escaparate, envuelto en las vidrieras de portales virtuales parecen prometer la felicidad a toda costa y ponen en la escala de valores la popularidad y la inmediatez como top ten de la dicha.

Se rompen las familias, las amistades se recienten, se intercambian las parejas y la intimidad….

Las nuevas generaciones no hacen referencia a “mi marido, mi mujer”, esas frases pertenecen a las generaciones de los padres, etapas en desuso y cargadas de decepción

El matrimonio de larga duración, las bodas de plata y de oro se ven como fruto de una neurosis difícil de curar, se han convertido en cuestiones de otra sociedad “enferma” y reprimida, de la que se teme.

En la vida cotidiana, la presencial lejana al foro y la pantalla, veo lágrimas que caen de las mejillas de muchos y muchas de las que me consultan  ligadas a la tristeza que la soledad genera y a la fantasía de aquellos tiempos de amor eterno y de príncipes y princesas que nos puedan prometer afecto y seguridad..

Tal vez sea un buen momento para la reflexión, para pensar en la búsqueda, ¿qué búsqueda?, ¿qué tipo de relaciones queremos o necesitamos?, ¿porqué siempre repetimos las relaciones de pareja y caemos en los mismos patrones y los mismos vínculos?

Es la sociedad actual… es esta generación la que responde a un modelo verdadero, o necesita ayuda para la cura de esta enfermedad llamada soledad tan difícil de soportar en la que los valores espirituales, la sencillez, la humildad y el placer por las pequeñas cosas se ha quedado en un segundo plano para dar paso al consumo de objetos y de parejas como ítem necesario para vivir. Realmente creemos que es fantástico tener hijos solas comprando la fertilidad en bancos de semen?,  porque los hombres no sirven o no eligen una mujer para madre de sus hijos porque todas están “locas o están perdidas”.

Es la vida y las relaciones virtuales el alimento del alma de hombres y mujeres del siglo actual? Me pregunto si la postmodernidad nos ofrece tantos placeres e inmediatez, y los hijos lo “tienen todo”, y la libertad está al alcance de quien la quiera…  porqué aumentan las depresiones, la insatisfacción, los suicidios, el enfado, la infertilidad,  y por tanto el comercio con la posibilidad   de artificiar fertilidades para la  maternidad y paternidad?

Es evidente que hay mucho por reflexionar, y un largo camino por recorrer desde la sociedad, y desde la clínica actual, hay mucho por reacomodar en estas comunidades occidentales que golpeadas por la crisis económica, las finanzas y el dinero que prometían el cielo, dejan a muchos con las manos vacías sumergidos en el aburrimiento del tiempo  y el espacio   que no se compran con moneda,  ahora sin el poder de acceder a todo sin límite. Sin embargo,  sigo creyendo que en medio de la vorágine del cambio, hombres y mujeres pueden retomar el camino, pedir ayuda, reposicionarse, encontrar su lugar en el mundo, su rol social y sobretodo encontrar el deseo buscar y saber qué quieren para sí mismos, donde están los sueños escondidos y  así la posibilidad de ser feliz, con la salvedad que en este recorrido habrá que enfrentarse con la falta, con el conocimiento que en la vida no se puede tener todo y siempre faltará algo y a pesar de ellos os aseguro que se puede  vivir en paz y con alegría, disfrutando de lo que la vida pone delante y tal vez sin complicarse tanto la existencia.

Silvina Mosquera Genlot
Logopeda y psicoanalista