Silvina Mosquera - Carmen Montolio

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Aprender a decir NO a aquellos que intoxican nuestra vida.

Las relaciones interpersonales son una cuestión que plantea dificultades en todos los ámbitos de la vida. Como seres sociales que somos no podemos dejar de cuestionarnos por qué es tan difícil llegar a acuerdos fructíferos, en los que todos los miembros del grupo al que pertenecemos se queden satisfechos.

Buenos pactos, uniones laborales, parejas, amigos etc. son posibles en la medida en que nuestras elecciones sean las adecuadas y nuestro posicionamiento esté de acuerdo con nuestras propias convicciones. Cuando pensamos una cosa y actuamos de manera contraria entramos en un conflicto, que si no lo sabemos identificar adecuadamente lo trasladamos a las personas con quienes convivimos, generando malentendidos y vínculos no saludables.

En todos los grupos en los que nos movemos siempre hay alguna persona manipuladora, que quiere que se haga su voluntad, un dictador que no acepta otros puntos de vista, un jefe autoritario que dispone de otros las 24 horas del día, el envidioso que cela nuestros logros y solo señala los aspectos negativos, el chismoso que vive pendiente de la vida del de al lado, etc.

Este tipo de personas son fácilmente identificables, el problema que nos encontramos es qué hacer con ellas, cómo sacarlas de nuestras vidas, cómo hacer para que no nos afecten sus actitudes, ser indiferentes a ellas o ponerles el límite adecuadamente.

A su vez, a veces no entendemos por qué terminamos haciendo vínculos que son nocivos para nosotros, que nos quitan energía y no nos permiten avanzar hacia nuestros sueños, hacia aquellos objetivos que nos hemos propuesto en la vida. Perdemos mucha energía dando explicaciones o cuidándonos de no ofender, o que no nos malinterpreten o en devolver favores, o en ser buenos para ser queridos….

Rodearnos de este tipo de personas nos intoxica de tal manera que nuestras debilidades se potencian, y de pronto somos incapaces de tomar decisiones que sabemos que son las acertadas, de hacer cambios que pueden ser positivos para nosotros y nuestro entorno. Terminamos permitiendo que controlen nuestras vidas. Llegados a este punto las frustraciones aumentan y nos encontramos en un punto que parece sin retorno, envueltos en una nube de tristeza y desgano.

Cuando identificamos a aquellos que nos” hacen mal”, debemos plantearnos la manera de negociar, de no ceder a sus imposiciones a veces descabelladas pero que las creemos ciertas, tener clara nuestra voluntad, y tomar distancia si se puede, o aprender a relacionarse de forma saludable.

Muchas veces nos encontramos atrapados en estas relaciones tóxicas porque permitimos que determinados mensajes o actitudes de los otros hagan mella directa en nuestros sentimientos de culpa. La culpa es uno de los sentimientos más negativos que existen, una de las maneras más usadas para manipular a otros. La culpa nos paraliza, nos genera enfado, rabia, y malestar contra nosotros mismos y nos condena a vivir insatisfechos. Cuando la culpa se apodera de ti, dejas de actuar y de ocupar lugares que te pertenecen y que son ocupados por otros que toman lo que es tuyo. Esto se debe a mandatos internos que aprendimos un día de nuestros padres u otras personas, y que nunca hemos puesto en entredicho considerándolos verdades absolutas. Lamentablemente, muchas de estas son culpas ajenas generadoras de insatisfacciones.

Por esto es importante pensar en todo aquello que has postergado para conformar a los demás. Haz una lista, y observa cuándo te has salido del camino. Es el momento de revertir aquello abandonado para que vuelva a ser un objetivo lícito en tu vida, especialmente, aquello que un día te hizo sentir feliz.

Hazte cargo de ti mismo, deja de responsabilizar a otros por tu situación y deja de buscar reconocimiento o de enfadarte cuando no te valoran.

 

El respeto por uno mismo es el primer paso hacia la elección de personas con las que nos debemos vincular porque sabemos que son saludables para nosotros, porque estarán desinteresadamente a nuestro lado, valorarán nuestros logros, se alegrarán de nuestros éxitos, señalarán nuestras capacidades y aspectos más positivos y mantendrán un punto de crítica constructivo que nos ayudará a crecer y ser mejores.

Todos y cada uno de nosotros tenemos cosas buenas para dar y somos merecedores de vínculos sanos y enriquecedores. No debemos permitir que aquellos que tienen miedo a ser superados, o quienes especulan con intereses ocultos, o los mediocres con valores de dudosa identidad, etc., nos destruyan.

Es importante decir que no a tiempo y elegir las compañías sanas que nos ayudan a subir a la superficie para nadar en grupo, sin que nos tiren hacia abajo para llegar primero o para no ahogarse sin importarles el resto. Esta es una manera buena de empezar un proyecto, de relacionarse en un trabajo, de elegir una pareja o simplemente a los amigos.

No existe sólo un tipo de persona tóxica, y las podemos identificar haciendo una pequeña reflexión teniendo en cuenta las características de algunas de ellas.

Seguramente en tu entorno descubrirás algunos seres que te rodean que puedes ver reflejados en el siguiente cuadro: 



Narcisistas

 

Son personas que se creen el centro del universo. Piensan que todo gira en torno a ellos, necesitan sentirse admirados, se sienten por encima de los demás, y no aceptan fracasos ni críticas.

 

Histriónicos

 

Son aquellos que buscan llamar la atención, son teatrales, exagerados en sus movimientos, en sus emociones y decisiones, seductores. Nos llevan a extremar nuestras condiciones de  amabilidad para con ellos.

 

Falsos

 

La falsedad en esta gente se traduce en su cara amable para con todo el mundo al que luego critican despiadadamente y manipulan con mentiras sutiles, son muy mentirosos, y esto lo utilizan en su provecho e intentan mantener a las personas enredadas en sus caprichos.

 

Negativos

 

Son personas que confundimos con los pesimistas pero se caracterizan por llevar la contraria. Si tienes un proyecto, un deseo, o expresas opiniones o ideas, te llevan la contraria, poniendo en duda tus creencias y te desarman

 

Pesimistas

 

Dar lástima, ver el lado negativo de todo, y destruir tus ideas es el arte del pesimista. Son gente que te agota absorbiendo tu energía positiva y tu optimismo, tus deseos de arriesgar y triunfar, así logran estar bien ellos, te dejan mal y debilitado haciéndote dudar de tus proyectos.

 

El tipo de personas que he resumido en este cuadro tienen en común que siempre hacen chantaje emocional, son todas manipuladoras, y esta es su forma habitual de relacionarse con los demás. Nos usan para salirse con la suya y conseguir sus fines. Si nos encuentran en momentos de debilidad, y no estamos en alerta, consiguen hacer de nosotros esclavos de sus caprichos a los que sin darnos cuenta cedemos con agrado. Después nos quedamos con la sensación de rabia o extraño desajuste, ya que sin darnos cuenta nuestras creencias se han desvanecido, o nuestras ideas han sido camufladas o robadas.

El poder está en la mente y en saber decir” NO” a aquellos que solo complican nuestra vida. Pacta contigo mismo, no esperes nada de otros, aprende a dar hasta donde puedas, permítete errores e intenta buscar y disfrutar momentos que te hagan sentir feliz.

 

Silvina Mosquera Genlot

Logopeda y Psicoanalista