Silvina Mosquera - Carmen Montolio

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El contacto materno, una buena manera de iniciar la vida

Las primeras experiencias de la vida dejan una huella biológica, psíquica y mnémica, que marcará las reacciones que el individuo tenga frente a diferentes situaciones de la vida. De todas estas primeras vivencias  dependerá la capacidad de gestionar las emociones y por lo tanto el estrés en la vida adulta.

Traer un hijo al mundo  en el momento actual en que vivimos, es complicado debido al lugar que las mujeres ocupan en la sociedad actual. Madres, trabajadoras, super mujeres… que  desarrollan actividades que hace unos años solo eran tareas de hombres, se entendía que las mujeres eran las que mejor se podían ocupar de los hijos.  Esta nueva situación social coloca a las madres en una posición difícil en la que tienen que responder a unas demandas que en casi todos los casos las supera.

Los bebés llegan a este mundo con una esperanza escondida de que algún adulto responsable gestiones sus emociones como dice Sue Gerhardt, por eso es importante el acogimiento que reciben ya que marcará un sendero para el resto de sus vidas. Gestionar emociones tiene relación directa con el estrés, ansiedad, angustia, en los adultos repercuten de una manera, porque ya tienen su sistema nervioso formado y unas herramientas determinadas para enfrentarse a los impactos del ambiente y a los avatares de la vida, en cambio los bebés  son absolutamente dependientes, no solo de la leche materna sino del cuerpo, del olor, de la voz, y el calor de la madre. El contacto con la madre regula la actividad tanto muscular como hormonal además de la frecuencia cardíaca y la tensión arterial, de ahí la importancia de la presencia materna en los primeros meses de vida. El contacto, las caricias, el abrazo,  las palabras que calman, ayudan a bajar el nivel de estrés que el ambiente genera en un ser acostumbrado a mecerse en el vientre materno sin tener que pedir alimentos ni padecer frío ni calor, el útero materno lo da todo, los bebés por tanto al nacer no están preparados para sobrevivir con sus propios medios.  Por esto en la etapa del postparto es muy importante tranquilizar a las madres, contenerlas y comprenderlas para  bajar el estrés tanto en ellas como de sus hijos, ya que mujeres ansiosas difícilmente puedan gestionar el estrés en sus bebés. La calidad de la presencia materna da la posibilidad de que los niveles de cortisol, (hormona del estrés que es fabricada por el organismo ante las situaciones de emergencia) en sangre no aumenten, de que el bebé no se sienta en peligro,  de modo tal que se garantice el buen funcionamiento del sistema inmunitario. De los primeros encuentros con un hijo dependerá su salud mental y l física,  sus emociones, sus capacidades de enfrentar la vida, y el buen funcionamiento del organismo.

 Silvina Mosquera