Silvina Mosquera - Carmen Montolio

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La autoestima, otra manera de educar

La autoestima es una de las necesidades básicas para el correcto desarrollo de nuestra
personalidad, pero sobre todo para que el niño crezca y pueda convertirse en un adulto
seguros de sí mismo. La mejor manera de desarrollar la autoestima se centra en la
primera etapa de nuestras vidas; la niñez, por eso el mayor regalo que un padre puede
ofrecerle a un hijo es ayudarle a tener confianza en lo que puede hacer, a estar deseoso
de aprender cosas nuevas día a día, a tener una vida social aceptable, satisfactoria y
sobre todo a poder disfrutar de lo que hace.

Durante los primeros años de nuestras vidas y sobre todo en la adolescencia, pasamos
por momentos en los que somos más vulnerables por eso la familia es uno de los
factores más importantes para ayudar a fomentar hábitos positivos para el correcto
desarrollo de la autoestima. La aceptación de los padres hacia el niño, el respeto, el
apoyo y los límites van a ser las claves para su desarrollo.

El niño va creciendo, y la imagen que tiene de su persona se va formando de lo que
dicen de él y de cómo lo tratan las persones que lo rodean. La aceptación del niño
se expresa teniendo interés por sus cosas, preocupándose por su bienestar físico y
emocional, participando en sus actividades y apoyándolo para resolver sus problemas,
pero sobre todo aceptándolo tal y como es, con sus cualidades y sus defectos.

Los niños con dificultades o desventajas frente a sus compañeros o hermanos,
necesitan el aprecio y reconocimiento de sus padres y maestros. Una buena manera de
hacerle sentir al niño que es aceptado, es escuchándolo, compartiendo juegos, ideas e
intereses. Si los niños se sienten aceptados en la familia y en la escuela, posteriormente
les será más fácil convertirse en miembros importantes de su comunidad o de sus
iguales sociales.

Otra de las caracteristiscas para fomentar la autoestima es el respeto, la mejor manera
de modificar una mala conducta es modificar “la manera en que se les trata”. Si los
adultos que rodean al niño muestran interás, respeto y preocupación hacia ellos, el niño
no tendra la necesidad de pelear por su lugar. Si los padres están seguros y confían
en lo que exigen podrán escuchar y comunicarse con sus hijos, favoreciendo a crear
relaciones más cercanas y ayudando a formar parte de un grupo y hacerse escuchar.

Para poder ententer lo que está permitido y aceptado necesitamos unos límites que nos
sirvan de guía para saber lo que se espera de uno mismo, ya que si uno sabe lo que
sucede cuando obedece o desobedece las reglas, se siente más seguro.

Los límites deben ser claros, definir lo que se espera y como se espera que se cumpla
modificándose a lo largo del tiempo dependiendo de las necesidades del momento. Es
importante tener en cuenta las sanciones en caso del incumplimiento de una norma, por
eso para fijar normas sin necesidad de amenaza ni castigo, pueden establecerse rutinas
del día a día.

Marta Turrillo
Psicóloga